Siempre que en el Distrito Nacional caen lluvias considerables, las calles se transforman en anchos mares que evidencian la falta de un sistema de drenaje efectivo; caminar en la ciudad se ha convertido en una hazaña, en la que los transeúntes deben jugárselas entre el tráfico y los hoyos de las aceras que, cuando no están ocupadas por vendedores ambulantes o algún taller, funcionan con parqueos que compensan la poca oferta de estos espacios en un Distrito Nacional cada vez más congestionado de vehículos. Continuar
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Collado recibirá de Salcedo herencia de caos urbano en el Distrito Nacional
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