Somos esa familia sobre la que previenen los pediatras que creen que hay que entrenar a los niños para dormir.
Cuando nuestra hija mayor cumplió dos años y comenzó a gritar cada vez que la poníamos en su cuna, la pusimos en un colchón a nivel del suelo y nos acostábamos con ella hasta que se quedaba dormida —a veces hasta dos horas—. La dejábamos dormir en nuestra cama. Pusimos el colchón en nuestra habitación y la dejábamos dormir en el suelo. Porque ella –y nosotros— necesitábamos descansar. Continuar




