No siempre se cumplen, pero si los tópicos sobreviven, es por algo. En todas las familias hay algún holgazán, por todos los historiales de amor ha pasado algún sinvergüenza, y en todos los trabajos existe un pelota. Desde Otto Walter International, empresa que trabaja en la mejora de equipos y directivos, elaboran una lista de diez personajes típicos en un entorno laboral (siempre desde el humor).
Paco Muro, su presidente, afirma que “todos hemos visto a nuestro alrededor a alguno de estos pintorescos personajes, pero rara vez pensamos que nosotros podamos ser uno de ellos. Para cada uno los raros son los demás, por tanto, tú tienes que ser el raro para alguien, ¡fijo! Así que, mejor averiguar si los demás te identifican en esta lista para empezar a mejorar”, explica.
¿Jugamos a ser sinceras con nosotras mismas? ¡Táchate de la lista!
1. ‘El protestón’. Su constante es la queja. «A fulanito no le dicen nada y a mí sí», «no hay derecho» o «esta empresa no hace nada bien» son algunas de sus constantes. La actitud positiva y un tono de voz amable es algo que ni se le pasa por la cabeza. Un pesao en toda regla, vaya. «Para este tipo, cualquier cambio o noticia es siempre para peor. Cuestiona todo y lo hace siempre en público, y aprovecha cualquier reunión, curso, grupo de pasillo o viaje, para soltar pestes de la empresa», opinan desde Otto Walter. Consejo: cuando comience la cantinela de quejas, recuerda una canción. Oh baby one more time de Britney Spears, siempre funciona. Y si eres tú… ¡cambia el ‘no’ por el ‘sí’!
2. ‘El bocazas’. Habla sin pensar, y parece que su lengua vaya a más revoluciones que su mente. «Dice lo que no debe, como no debe, en el momento más inoportuno y ante las personas inadecuadas», afirman los expertos de Otto Walter. Consejo: si te sientes identificada, practica meditación para aprender a pensar dos veces antes de enunciar tu veredicto. Si te rodeas de compañeros con estas características, alíate con ellos… pero que sea para argumentar un proyecto. «Ya que suele ser un excelente encajador, está muy acostumbrado a recibir contestaciones afiladas ante sus habituales salidas de tono», dicen desde Otto.
3. ‘El figura’. Seguro que hay alguien que resalta por lo que habla (y bien alto). Puede ser un gran animador de fiestas, pero en una jornada laboral, agota. «Suele ser un buen tipo, sano, mediocre en su trabajo y permanentemente feliz», lo describen desde la organización. Consejo: si eres tú, aprende a aprender, a escuchar. Si estás pensando en algún compañero, ten ‘piedad’, pues para él seguramente todo es difícil, e intenta ‘cortarle’ de manera profesional («debo seguir con mis tareas», por ejemplo).
4. ‘El inútil encantador’. Si tuviéramos que encasillar a Homer Simpson con alguno de estos perfiles, quizá aquí sería donde mejor encaje. Se trata del típico puesto que no reúne las competencias necesarias para haberlo conseguido pero, por alguna extraña razón, se mantiene en él. «Es alguien desesperante y entrañable a partes iguales. Nadie sabe cómo consiguió el trabajo pero, una vez dentro, ha pasado a formar parte del decorado de la oficina, y ¿quién se atreve a decirle nada al pobre?», señalan desde Otto. Consejo: no te lleves mal con alguien que no es mal compañero y sobrevive a cambio de jefes, de época de crisis, de reajustes de plantilla… ¡Pero tampoco te mimetices con su bajo rendimiento! Y si eres tú… you know my friend, aplícate.
6. ‘El torpe competente’. Es bueno en lo suyo, perfeccionista, te puedes fiar 100% de que lo intentará hacer lo mejor posible. ¿El problema? «Como tenga que tomar alguna decisión o iniciativa propia, tiene un don natural para elegir siempre la peor opción. Se ahoga en un vaso de agua», cuentan desde Otto Walter. Consejo: no te dejes arrastrar por su momento de agobio. Y si la agonías eres tú… Confía un poco más en ti, lo sabes hacer mejor de lo que te parece.
7. ‘El desmotiva-jefes‘. Encaja en la definición de ‘se cree mejor de lo que es’. Cumple con sus obligaciones, aunque se limita a hacer lo estrictamente necesario. Rara vez da un paso más allá, ni se ofrece a echar una mano al de al lado. ¿Lo peor? «Protesta ante el más mínimo error administrativo que le afecte, como una décima de más en la aplicación del IRPF, o un día de retraso en el pago de unas dietas.», apuntan desde Otto Walter. Consejo: si no te entregas, no llegarás muy lejos. Y si te juntas demasiado con los que no se entregan, tampoco.
8. ‘El mensajero de los dioses’. Se trata de un mando intermedio que sólo es eso, intermedio. Tiene a un jefe de carácter fuerte y se limita a hacer de mensajero de sus órdenes. Tragará con todo, jamás discutirá con su jefe una decisión por absurda que sea, la asume y la comunica como si nada. Ante su equipo evidencia sin complejos que es un “calzonazos”, pero no le importa, cobra un buen sueldo y tampoco aspira a más. Por supuesto, cada vez que alguien quiere algo que implica a su departamento, le puentean.
9. ‘El fantasma’. Lo suyo son las relaciones públicas. Acaba consiguiendo que todo el que le rodea le baile el agua. «Se cree Superman, promete mucho pero nunca acaba nada. A la larga suelen acabar cayendo, pero después de haber dejado su sello en la empresa y más de un problema grave con clientes, proveedores y todo el que se cruza en su camino», achacan desde Otto Walter tajantes. Consejo: tienes más personalidad, así que no entres al trapo. Y si haces lo propio, cambia de estrategia si no te quieres quedar sin amigos.
10. El marqués. Es como un trampantojo: parece que hace mucho porque es el que más horas echa en la oficina, pero en realidad se lo toma con mucha calma. ¿La explicación? «En su vida personal encajan muy bien los horarios laborales infinitos. Cree que es el que más trabaja, incluso se ve a sí mismo como el salvador del departamento, pero hace las mismas horas reales que el resto. Su caótica forma de organizarse hace que su eficacia sea inferior a su potencial. La imagen que crea en su entorno es que vive como un marqués consentido», cuentan los expertos. Consejo: la vida está para vivirla, no para pasar el rato. Así que ve al trabajo, exprime todo lo mejor de ti, y no malgastes ni un minuto. Es el primer paso para la aclamada conciliación.





