Addy, la niña de ojos almendrados, la de risas silentes y pintalabios rosado, de la que aún sale un soplo de inocencia, inició su vida sexual a los 13 años de edad, y a los 14 ya andaba con su vientre abultado en espera de un bebé.
Ella y otras tres jóvenes tienen una historia común con aire de tragedia. Una historia que se escribe con tristeza entre los dedos. Continuar




