Una noche, un joven palestino comenzó a chatear por internet con lo que pensó era una joven y atractiva mujer en Líbano.
De las palabras pasaron a conversar por video y el diálogo pronto se transformó en un juego erótico.
A través de Skype, la joven se masturbó frente a él y lo alentó a hacer lo mismo.
Al rato de cerrar la conversación, el joven recibió un llamado telefónico. Continuar




