Acababa de cumplir 23 años y no tenía dónde caerse muerto. Literalmente. Dormía en un colchón que se había encontrado en la calle y atravesaba la segunda de las tres depresiones que sufriría a lo largo de su vida. Era 1995 y Dwayne Johnson acaba de dejarlo con su novia del instituto y su sueño de ganarse la vida como jugador de fútbol americano profesional había sido destruido por su entrenador. «No eres lo suficientemente bueno», le dijo aquel duro técnico.
Dormía en un colchón que se había encontrado en la calle y atravesaba la segunda de las tres depresiones que sufriría a lo largo de su vida. Continuar.




