No podemos negar que algunas veces, la comida rápida puede ser bastante desagradable. Pero algunas son más desagradables que otras. Ahora gracias a algunos trabajadores de comida rápida han declarado vía Reddit los secretos que algunos de nosotros no queríamos aceptar.
Leyendo a través de todos los testimonios, eliminamos lo que podrían ser historias divertidas o terriblemente honestas, esperamos que esta lista te sea práctica para no ordenar algunas cosas del menú.
Debemos tener en cuenta que muchos de estos restaurantes son franquicias y no todas las franquicias tienen las mismas reglas y estándares, aunque algunas recomendaciones como “no pidas atún” en los restaurantes de comida rápida es un gran NO siempre.
- Burger King
“Si estás con el tiempo encima para comer, no pidas los chicken tenders, hamburguesas de pollo o las ensaladas, todo eso está hecho demasiado rápido y recuerda que el pollo debe estar súper bien cocido, además que no mucha gente pide el menú de pollo, por lo que el pollo puede no estar tan fresco” – shmandameyes
- Subway
“En el subway donde yo trabajaba el pollo estaba cocido en el microondas” – Hotpotabo
“El sandwich de atún es 80% mayonesa” – karma_virus
- McDonald’s
“Trabajaba en McDonald’s en Canada. El pollo en McDonald’s se podía quedar en el congelador durante mucho tiempo, lo mismo con el pescado. Usualmente cuando tenía un turno de cuatro horas, olvidaba tirar lo que no se vendía y se quedaba en el refrigerador por mucho tiempo. El problema es que no hay un reloj que te indique cuando debes desechar las cosas y al final somos humanos y los humanos somos bobos” – CaseyTwist
- Starbucks
“Todos la comida de Starbucks esta re calentada y súper refrigerada, es ridículo como la gente no se da cuenta de eso. No significa que sepa mal, sólo que no es fresca y extremadamente cara” – likeabaker

En vez de hacer que los niños sean más saludables, nuestro mundo higiénico los está enfermando. Estamos diseñados para vivir en la naturaleza. El biólogo y padre Rob Dunn, Ph.D. dice que es hora de que nos ensuciemos de nuevo y permitamos a nuestros hijo que lo hagan también.
Algunos de mis recuerdos favoritos de la infancia son de cuando me encontraba fuera de casa, atrapando cosas. Atrapaba ranas, peces y serpientes por cientos. Volteaba troncos y escalaba árboles. Pasaba mi tiempo explorando. Probablemente había límites –una hora en que debía llegar a casa o una distancia que no debía exceder– pero no los recuerdo. En vez de eso, sólo recuerdo las cosas que atrapé. Cualquier foto de mi infancia en la que mis pies aparezcan secos y no esté sosteniendo a algún animal seguramente es falsa.
Hace poco recordé todo esto cuando la clase de preescolar de mi hijo realizó un viaje a una laguna local. Soy biólogo en North Carolina State University, así que los profesores me pidieron que los acompañara. Para prepararme, llené el auto de redes, botas de hule, binoculares, guías de exploración y un palo para serpientes. En mi emoción, olvidé empacar el almuerzo para mí y para mi hijo. Cuando llegamos al estacionamiento, me di cuenta de que era el único que había traído un montón de equipo. Así que para no avergonzar a mi hijo sólo saqué una red, una guía y un par de binoculares. Con reticencia dejé el palo para serpientes en el auto.
A cada niño le asignaron un espacio en el borde de la laguna. Les dieron una red y les pidieron que tomaran algo de lodo y lo examinaran, después debían pasar la red a un compañero. Fue una buena estrategia para conseguir que los chicos se acercaran a la naturaleza, sin embargo, todos se resistieron a entrar a la laguna, excepto por mí.
Había visto una gran rana toro cerca del sitio donde los niños estaban parados. No pude resistirme, dejé a mi hijo y me acerqué sigilosamente a la rana para tomarla. La atrapé y mi cuerpo se estemeció por la emoción de la caza. La llevé a donde estaban todos, se la pasé a mi hijo y él la mostró a los demás. Los padres nos observaban, algunos se mostraban ansiosos. De pronto la rana produjo un estruendoso chirrido. Mi hijo la sostuvo por un momento más y luego la dejó ir, satisfecho.
De pronto me di cuenta de que estaba empapado y me preguntaba si había empacado una toalla para sentarme en el auto.
Por un lado, ese momento fue glorioso. Pero por el otro, fue un recordatorio de que en la actualidad los niños tienen una relación con la naturaleza que es muy distinta de la mía. De vez en cuando podrían encontrarse con una gran rana toro, pero ese tipo de experiencias son mucho menos frecuentes y suelen tener lugar en ambientes controlados, con padres presentes y una serie de reglas detalladas de comportamiento.
Ese es un gran cambio, no sólo a comparación de mi propia infancia, sino de las experiencias de los niños desde hace miles de años. Los niños han explorado y tocado cosas desde el comienzo de la humanidad. Quizá no tengamos toda la información sobre las vidas de los cazadores y recolectores de hace 10 mil años, pero podemos estar seguros de que sus hijos exploraban y jugaban en el lodo.
Cada vez más personas se mudan a áreas urbanas donde es más difícil ser parte de la naturaleza. Pero hay una cosa de la que soy consciente, como padre y como alguien que ha pasado la última década estudiando la naturaleza, y es que esta desconexión incrementa dramáticamente las probabilidades de que los niños se enfermen. Incluso podría impactar la habilidad de nuestros hijos para convertirse en adultos felices y satisfechos. Sostener una rana con las manos podría ser, a fin de cuentas, una especie de medicina antimicrobiana.
Existen evidencias de que para incrementar las probabilidades de que tus hijos estén libres de alergias, debes exponerlos a muchos tipos de microbios. Esta exposición le enseña a su sistema inmune cuáles de ellos son buenos, cuáles son malos y cuáles no son ni una cosa ni la otra.
Miles de millones de microbios viven en tu piel. También se encuentran en tus intestinos, boca y prácticamente cualquier parte de tu cuerpo. Forman complejas comunidades interconectadas, llamadas microbiomas, que los científicos como yo apenas comenzamos a entender y apreciar.
Los seres humanos dependen de estos microorganismos para la salud y la supervivencia.
Pero el tránsito a ambientes urbanos ha causado que algunas de estas especies desaparezcan. Su ausencia nos pone a todos –incluyendo, en algunos casos, a nuestros hijos– en un mayor riesgo de sufrir alergias, asma, enfermedad inflamatoria intestinal, demencia y otras enfermedades.
Los niños criados en ambientes rurales rara vez presentan desórdenes autoinmunes o condiciones relacionadas con alergias. En áreas urbanas, estos desórdenes son mucho más comunes. De hecho, la mitad de los niños en la laguna ese día sufrían de alguna sensibilidad o alergia alimentaria.
Debemos hacer que nuestros hijos recuperen los microbios que necesitan y que se acerquen a la naturaleza, por pequeña que esta sea.
Algunos remedios son sencillos. Por ejemplo, estas son algunas de las cosas que hacemos en mi familia.
Cuando nos lavamos las manos sólo usamos agua y jabón. Nos mantenemos alejados de los geles antibacteriales las toallitas o prendas que contengan triclosan. Usar productos con esta sustancia puede inhibir la respuesta inmune del cuerpo ya que mata a todos los microbios, tanto a las bacterias buenas como a los patógenos.
Recogemos frutos silvestres. Planté un huerto en casa que mis hijos y las ardillas aman. Según algunos estudios, los niños con acceso a un espacio verde o un jardín que contenga plantas nativas tienen una mayor diversidad de microbios y son menos propensos a desarrollar alergias.
Cuando vamos de compras, permanecemos en el área del supermercado donde se encuentran las frutas y los vegetales.
De ser posible, compramos productos orgánicos. Esto no es porque estén libres de pesticidas (no siempre es el caso), sino porque es más probable que las plantas aún cuenten con microbios benéficos.
Intentamos evitar el azúcar ya que alimenta a los microbios malos, y comemos alimentos vivos como yogur, kimchi y kéfir. Los alimentos vivos podrían o no ayudar a los microbios intestinales, pero ciertamente no hacen daño.
No usamos antibióticos –los cuales eliminan muchos microbios benéficos–, a menos que uno de los niños en verdad los necesite para una infección bacteriana. (Los antibióticos no curan las infecciones virales). También evitamos consumir carne que haya sido producida usando antibióticos ya que puede contener residuos de estas sustancias, así como patógenos resistentes, los cuales son especialmente peligrosos para los niños.
Dejamos a nuestros hijos morder sus uñas si lo desean. Esta práctica, junto con la costumbre de chuparse el dedo, puede, de hecho, reducir los riesgos de sufrir algunas alergias.
Todo esto está basado en lo más nuevo de la ciencia. Pero la verdad es que, hasta que sepamos más, lo mejor para los niños –con el objetivo de estimular su mente, crearles un sentido de asombro y pasión por la aventura y mantener sus biomas saludables– es llevarlos a la naturaleza, con el espacio y la libertad de explorar a su gusto. Por supuesto, explorar los sitios más increíbles es mejor, pero si eso no es posible, una apestosa laguna con ranas o un bosque bastan.
Hace unas semanas, mi esposa y yo llevamos a nuestros hijos a la playa. Nos hospedamos en la casa de un amigo que estaba separada del agua por media docena de pinos y algunas rocas. De ese pequeño espacio natural, los niños recopilaron palos y enredaderas y construyeron una balsa. Tomaron una docena de troncos, removieron la corteza, recortaron enredaderas, cavaron un hoyo, apilaron rocas y recorrieron todo el lugar buscando materiales.
Cuando terminaron, pusieron la balsa en el agua y se sentaron sobre ella. Se hundió. No podrían haber estado más felices. Luego pasaron el resto del día intentando construir una red.
Hicieron todo esto en un área mucho más pequeña que el lugar donde yo jugaba cuando era niño. A pesar de eso, era suficientemente salvaje como para que imaginaran una aventura y de paso recopilaran algunos microbios amigables, de los cuales su salud futura depende.
Dale un impulso a las bacterias buenas
Llevar una vida menos higiénica podría ser una buena idea para todo el mundo, no sólo los niños. Estas inusuales estrategias podrían fortalecer tu microbioma.
No te duches todos los días, si puedes evitarlo. Esto podría ayudar a proteger el bioma de tu piel, el cual actúa como una capa protectora contra lo patógenos.
Descansa de los antitranspirantes durante los fines de semana o los días en que no sean necesarios. Aunque no lo creas, tus axilas cuentan con sus propias colonias de microbios especiales.
Cepilla tus dientes en seco en vez de usar pasta. Los químicos contenidos en la mayoría de las pastas dentales alteran tu bioma oral. De hecho, investigaciones sugieren que cepillarte en seco es más efectivo para combatir la placa.
También evita el enjuague bucal, por las mismas razones.
Camina descalzo sobre la hierba. No sólo se siente genial y reduce el estrés, sino que ayuda a que los microbios de tus pies florezcan. Mantener los pies cubiertos todo el tiempo mata a los bichos buenos y fomenta la aparición de los apestosos.




